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Gregory Colbert: Ashes and Snow   Leave a comment

 

Gregory Colbert es un artista canadiense que en 1999 concibió la idea de crear un museo nómada (The Nomadic Museum). En él se exponen 50 obras fotográficas de gran tamaño, vídeos y una novela escrita en cartas. La exposición muestra de manera poética las relaciones entre el hombre y los animales. Llena de sensibilidad y con una estética muy cuidada Ashes and Snow se inauguró por primera vez en el Arsenal de Venecia en 2002.

Los fotografías expuestas, están realizadas en papel japonés hecho a mano, en un tamaño de 3,5 x 2,5 metros.

Ashes and Snow, en el Museo Nómada, ya ha sido visitada por más de 10 millones de personas, lo que la convierte en una de las exposición con mayor asistencia en la historia.

 

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Fuente:  Webmaster

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Publicado 29/09/2012 por estudilloestrada en Familiar, Fotografia, Naturaleza

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Cuatro Factores que motivan el DIVORCIO en las parejas mexicanas   Leave a comment

 

Por Andrea Limón Fonseca

RESUMEN:

El estudio de la ruptura matrimonial recibe desde hace años atención especial. En este trabajo se analizó, en una muestra de personas divorciadas en México, 24 mujeres y 17 hombres, con un rango de edad entre los 25 y 65 años de edad, los factores que motivan a las parejas al divorcio. Se consideró que los principales factores son la falta de comunicación, la infidelidad, los problemas económicos y la violencia. Estos factores fueron divididos en psicosociales, económicos y sociodemográficos. Los resultados muestran que estos cuatro principales factores tienen igual importancia tanto para las mujeres como para los hombres. Asimismo la muestra demostró que la falta de comunicación, los problemas económicos y la violencia son los factores más comunes por los cuales las personas se divorcian. Por otro lado, surgieron otros factores, como lo son la confianza, el abuso de alcohol y otras sustancias, la diferencia de estatus socioeconómico de las parejas, entre otros.

 

INTRODUCCIÓN

Sandoval (1996) afirma que el divorcio es un intento por resolver los conflictos que se dan por las exigencias de la vida marital. Mientras que Westman y Cline (1973) señalan que el divorcio es una medida drástica que los esposos toman cuando el matrimonio no funciona y esto afecta directamente a la pareja, ya que se altera el estilo de vida de las personas involucradas, debido a que el divorcio va acompañado de sufrimiento y perturbación. Por otro lado, según Bloch (1994) existen ciertos factores que propician el divorcio: la calidad de relación de pareja, el número de hijos, así como su sexo y edad, la situación económica, las expectativas de la pareja a corto plazo y largo plazo, su vida laboral, su preferencia socioeconómica y cultural. Asimismo, Rincón (1994) menciona ciertas características que hacen que la pareja sea más propensa al divorcio, como lo es contraer matrimonio entre los 15 y 20 años de edad, debido a que los cónyuges no están preparados para llevar a cabo los roles que les corresponden, tener una religión diferente a la del cónyuge, contar con la desaprobación de los padres y amigos de la pareja, así como contraer matrimonio por causa de un embarazo. Napler (1994) establece que existen ciertos patrones que llevan al rompimiento marital, en donde uno de los cónyuges busca cercanía y reafirmación, mientras que el otro, busca la separación y la independencia debido a que este tipo de parejas no se casan de manera accidental, sino por una necesidad de definir sus necesidades separadas en relación al otro. La ruptura de parejas en muchas ocasiones se debe a que el hombre, desde pequeño es educado como un elemento activo que abandona el hogar, mientras que la mujer raramente se aleja del compañero y los hijos (Garza, Caracho, Manautou, Garza, Margain, Khoury, 2006).

La causa de divorcio no es una cuestión baladí a la hora de negociar entre la pareja las condiciones específicas del mismo. Primero, porque determinados comportamientos pueden, una vez asumidos, culpabilizar al sujeto y hacerle menos proclive a la discusión. Después porque comportamientos específicos pueden utilizarse en su contra una vez que la pareja está inmersa en el proceso en el proceso judicial e incluso en los que posteriormente se puedan generar (Moncó, 2010). Sin duda, por encima de las razones personales de cada uno, e incluso de las interpretaciones o las objetivaciones que el sujeto realice, un divorcio es siempre doloroso (Moncó, 2010). La dureza del divorcio, su tardanza, la justicia o la injusticia con la que el sujeto se siente tratado, la situación personal e incluso ciertos caracteres de la propia personalidad pueden aumentar la dificultad de esta situación hasta grados realmente notables (Moncó, 2010).

Estudios recientes que hablan sobre ruptura conyugal confirman hallazgos clásicos o conjeturas clínica relativas al carácter multifactorial del conflicto conyugal y a sus efectos dañinos sobre el individuo, su familia y la sociedad. Por ejemplo, el alcoholismo es más frecuente entre los separados, la longevidad es mayor en miembros de parejas bien ávidas, los miembros de parejas desintegradas son más propensos al suicidio, la depresión se asocia con el conflicto y la ruptura conyugales, los desórdenes de ansiedad son más comunes entre los miembros de parejas en conflicto, la productividad laboral se deteriora en la personas con malas relaciones de pareja, y en general, la calidad de vida es significativamente mayor en los integrantes de parejas funcionales (Sánchez Sosa, 1997).

Por otro lado Brenton (1994) afirma que para tener un matrimonio duradero y satisfactorio es recomendable que la pareja haya finalizado sus estudios, se casen después de los 20 años de edad, que la pareja se conozca por lo menos 9 meses antes de contraer matrimonio y que los padres de la pareja estén de acuerdo con el compromiso. Levinger (1999) afirma que los cambios culturales han permitido la disolución de matrimonios infelices, incrementando así que los miembros de las relaciones se tornen menos tolerantes a las irritaciones que surjan dentro de su matrimonio.

Otro factor importante que hay que tomar en cuenta es que la mujer contemporánea se ha desarrollado en el ámbito laboral, dejando a un lado el interés único del bienestar emocional de su matrimonio, buscando una colaboración por parte del hombre en los roles estereotipados como femeninos (Garza et al 2006). Colleman y Hammer (1992) afirman que el divorcio despierta en la pareja sentimientos de fracaso, que es una de las tareas más importantes de la vida, teniendo como consecuencia una sensación de inadecuación personal y auto evaluación, desilusión, depresión, soledad, tensión, culpa, alteraciones en la vida sexual y problemas económicos.

De acuerdo con la literatura consultada, en México los factores de divorcio más sobresalientes para llevar a cabo el divorcio son la violencia, la falta de comunicación, la irresponsabilidad, la infidelidad, el abuso del alcohol, el mal acoplamiento, adversidad económica y los celos. Asimismo, las implicaciones pueden ser de índole económica, social, personal y jurídica. En este trabajo, con base en lo observado y por resultar de mi total interés, solo analizaré 4 de estos factores, los cuales son la falta de Falta de comunicación: Es la imposibilidad de expresar o decirse mutuamente lo que sienten o lo que piensan. Infidelidad: Es la relación fuera del lazo conyugal que uno de los miembros establece con otra persona, y con quien obtiene no solamente una relación sexual, sino también una relación de tipo amorosa. Esta puede ser a corto o a largo plazo. Problemas económicos: Es la falta o carencia de recursos económicos dentro del matrimonio y como resultado se presentan serios problemas financieros que afectan la relación de pareja, así como se también se pueden presentar conflictos en relación al gasto y administración del dinero. Violencia: El acto de abusar de la fuerza o autoridad para dañar, perturbar o agredir, ya sea física o verbalmente a la pareja.

Falta de comunicación

La comunicación es un proceso que cumple dos funciones principales, en primer lugar, la autorregulación de la relación en cuanto a su papel en la solución de problemas permite estructurar el manejo de situaciones buscando alternativas, implementándolas y evaluando el resultado, la segunda es la motivacional, que hacer referencia a la satisfacción de necesidades emocionales y afectivas (García Padilla, Ballesteros, Novoa, 2003) El papel de la comunicación en las relaciones íntimas ha sido abordado por la investigación psicológica y social desde hace más de 30 años. Dentro de este campo, se ha prestado especial atención a los patrones y estilos de comunicación presentes durante el intercambio simbólico llevado a cabo por las parejas (Sánchez, Díaz-Loving, 2003), sin embargo, los problemas de comunicación dentro de la pareja suelen definirse como uno de los principales factores de conflicto. Algunos estudios han encontrado que son las mujeres las que se quejan más que los hombres en relación a problemas de comunicación (Wolcott 1999). Algunos otros también han reportado acuerdo entre los géneros para esta dimensión. Tales diferencias pueden estar relacionadas en cómo los factores son expresados e interpretados dentro de códigos específicos. Por ejemplo, Burns (1984) incluyó la falta de intereses en común en la categoría de falta de comunicación (Wolcott 1999).

Por otro lado, existen situaciones internas y externas que hacen que la comunicación entre la pareja se deteriore. Las primeras se presentan cuando no se le reconoce al otro sus propios valores y no busca los momentos oportunos para decir las cosas, por lo que puede llegar a provocar agresiones verbales y discusiones, en vez de lograr una comunicación respetuosa, abierta y sincera. Mientras que la segunda sería un situación como el distanciamiento a causa de vivir en diferentes lugares, ya que esto provoca que la pareja se pierda de experiencias de la vida diaria, como son sus inquietudes, gustos, temores, ilusiones, de lo que cada uno lleva dentro de si. Mientras no exista una buena comunicación, habrá reconciliaciones poco duraderas en la pareja, porque repetirán las mismas fallas de antes. Esto hará caer a la pareja en una falsa tolerancia, nada saludable para la relación, debido a que propicia que cada uno viva su vida en forma independiente, hasta que esto termine en divorcio. También puede llegar a existir conflictos en la comunicación debido a que cada persona, ya sean hombres o mujeres, perciben las cosas de diferente manera; ellos son objetivos, directos, literales y dicotómicos; mientras que las mujeres son subjetivas, indirectas y ambiguas, tienen mayor flexibilidad en sus opciones y utilizan la intuición (García, 1998) La comunicación de la pareja se ve afectada por la depresión y por las señales de socorro dentro del matrimonio. Según estudios de Heene, Buysse y Oost (2005) la presencia del estrés en uno de sus miembros tiende a una comunicación conflictiva disfuncional a mantener una conducta negativa respecto a la solución de sus problemas haciendo de la comunicación aún más negativa y corrompida (Garza et al 2006).

Además, el tema que más literatura ha generado en relación con los patrones de comunicación es el de las diferencias de género. La evidencia demuestra que las mujeres son más tendentes a expresar el afecto negativo y las quejas durante una discusión, mientras que los hombres tienden a retirarse o evitar la discusión. Este patrón diferencial de comunicación para hombres y mujeres parece ser más consistente en los matrimonios con conflicto (Montes-Berges, 2009). En cuanto a la necesidad de que la pareja sea o no matrimonio o pareja estable para que presenten este tipo de patrón de comunicación, existen estudios en ambas direcciones. Mientras que algunas investigaciones han demostrado que este patrón es únicamente propio de matrimonios sin que aparezca en fases de noviazgos, otros aseguran que en parejas estables que no viven juntos este patrón también se tiene más frecuencia de uso. Otros estudios han estado encaminados a dilucidar cuales son los patrones de comunicación usados en relaciones de citas, o a relacionar el uso diferencial de los patrones de comunicación con otras variables más diversas como la incidencia de depresión de uno de los miembros de la pareja (Más frecuentemente en la mujer) o con la existencia de posibles relaciones entre el uso de uno u otro patrón de comunicación y la existencia de desórdenes de personalidad o de hostilidad manifiesta (Montes-Berges, 2009).

Infidelidad

Socialmente, se piensa que la infidelidad es el resultado de las crisis de la pareja, y esta no es solo sexual, pues el cónyuge infiel busca aspectos que su pareja no le brinda y estos pueden ser intelectuales, físicos y/o emocionales. Cuando existe infidelidad en la pareja, la víctima presenta una serie de sentimientos negativos hacia su persona. Al descubrirse la infidelidad, es natural que se llegue a sentir dolor, pérdida de autoestima, angustia y rabia. Al estar experimentando estos sentimientos lo más lógico es que la persona quiera ponerle fin a la relación, sin importar las consecuencias a terceras personas (Garza et al 2006). La infidelidad a menudo connota una deterioro en la esfera del matrimonio asociado con la perdida de amor, confianza, indiferencia y separación (Wolcott, 1999). La infidelidad depende en gran medida de la elección de la pareja. De acuerdo con Lee aire (1986), esta decisión se lleva a cabo tanto por factores conscientes como inconscientes y además, restringidos al medio donde habita cada individuo, es decir, la elección no es al azar, sino que se determina de acuerdo con las actividades realizadas, que permiten conocer o relacionarse con otras personas. Es más fácil que las personas se sientan atraídas hacia personas que realizan el mismo tipo de actividad o comparten gustos similares, que hacia aquellas con quienes no tienen los mismos marcos de referencia (Garza et al 2006). La infidelidad no es el factor desencadenante del divorcio. Confirma lo dicho por Tordjman (1989), respecto a que es una gran prueba para la educación tradicional a la que estamos sometidos. Es muy tolerada la infidelidad masculina, pues existen creencias que la sostienen tales como pensar que el hombre es más potente, con mayor necesidad sexual. Dentro de la sociedad mexicana existe el mito de que el hombre debe ser fuerte, racional, mujeriego y con éxitos sociales más públicos que privados, lo cual de cierto modo justifica la infidelidad (Garza et al 2006). Sin embargo, el impacto de la infidelidad como motivo de divorcio puede depender de la importancia que individuo le dé (Wolcott, 1999).

Violencia

Entre los factores de divorcio, encontramos las conductas de violencia familiar cometidas por uno de los cónyuges contra el otro, o hacia los hijos de ambos o de algunos de ellos. Asimismo, el incumplimiento injustificado de las determinaciones de las autoridades administrativas o jurídicas que se hayan ordenado tendientes a corregir los actos de violencia familiar hacia el otro cónyuge o los hijos, por el cónyuge obligado a ello. Este factor de divorcio conlleva dos aspectos, por un lado el desacato a una orden de autoridad que amerita una sanción y, por el otro, proteger la integridad física y psíquica de los miembros de la familia (Instituto Aguascaltense de las Mujeres, 2007).

La violencia en la pareja es una práctica universal, porque no distingue edad, estrato socio económico o cultural, nacionalidad, religión, raza, orientación sexual o antecedentes personales, tampoco años de convivencia ni número de hijos. La violencia puede clasificarse en maltrato físico o daño corporal. El psicólogo considera que ante la causa de una herida en los sentimientos del individuo, la consecuencia es el miedo, la humillación y el maltrato sexual que obliga a la víctima a realizar actos no deseados, abandono, cuando no se cumplen las obligaciones de cuidado y atención y financiera, la cual se refiere a apropiarse o destruir el patrimonio de la pareja (Garza et al 2006). Dentro de la violencia existe una situación cíclica que se desarrolla en tres fases, la primera se caracteriza por la acumulación de tensión en las interacciones, en donde existen golpes menores y se incrementan los celos, posesión y opresión. Aquí la victima niega la existencia de cualquier tipo de violencia o maltrato. La segunda se caracteriza por el descontrol y la inevitabilidad de los golpes, en donde la víctima se muestra sorprendida ante la presencia imprevista de estos. Y por último la fase del arrepentimiento. La víctima tiene la esperanza de que el compañero violento cambie, y esto provoca que continúe recibiendo abusos. La violencia en el matrimonio ejercida por los hombres es propiciada por diferentes factores tanto internos como externos. Como factores internos se encuentran la predisposición aprendida hacia la violencia. Las personas que provienen de un hogar violento ven el uso de la violencia como respuesta para la resolución de problemas. La dependencia del alcohol y otras drogas. El uso de estas sustancias solo ayuda al abusador a minimizar su responsabilidad personal por estar en estado inconveniente. El problema realmente radica en un mal uso de manejo de estrés, así como la falta de expresión. Culturalmente se espera que los hombres sean fuertes emocionalmente, sin llegar a demostrar sus sentimientos, y usan la violencia como su medio de comunicación de hacer expresar su poder y masculinidad. Los hombres violentos no tienden a ser asertivos, debido a que pierden su locus de control interno en situaciones amenazantes (Garza et al 2006). Los factores externos para ejercer la violencia son el económico, ligado con problemas laborales como el desempeño o la insatisfacción laboral, lo que provoca que se desquiten con la pareja recurriendo a la violencia (Garza et al 2006). Los terapeutas de pareja han reportado que entre el 40% y 60% de las parejas que buscan terapia han experimentado episodios de violencia en sus relaciones y solo entre el 6% y 10% de los clientes consideran a la violencia como un problema.
La violencia propicia muchas veces inestabilidad emocional en la pareja y en la familia, divorcio, desintegración familiar y efectos en los hijos, que se pueden reflejar en un bajo rendimiento, deserción escolar, incorporación a un mercado laboral precario, así como posibilidades de sufrir abuso sexual, caer en la prostitución o incurrir en actos delictivos (IAM, 2007)

Problemas económicos

Respecto a los problemas económicos, Ojeda (1989) observa que aun cuando el divorcio y la separación ocurren en todos los grupos sociales, muestran distinta intensidad entre los mismos. La mayor se da entre las mujeres cuyos esposos o compañeros son trabajadores no asalariados en el sector no agrícola, campesinos o trabajadores asalariados agrícolas, mientras la intensidad menor se presenta entre la burguesía y la pequeña burguesía, el proletariado típico y el no típico (Ojeda y González, 2008). Ahora bien, el nivel educativo de la mujer y su incorporación al mercado laboral tienen una relación positiva con la probabilidad de disolución. Las mujeres con mayores niveles educativos y las que trabajaron antes de la unión tienen mayor riesgo de terminar de manera voluntaria su unión (Ojeda y González, 2008). La misma relación guarda el tamaño de lugar de residencia: a mayor número de habitantes en la localidad de nacimiento o de residencia, mayor la probabilidad de disolución (Ojeda y González, 2008) El número de hijos también ha sido relacionado de manera inversa o negativa con la disolución de las uniones. Solís y Medina (1996) aseguran que las parejas con mayor número de hijos tienen menor probabilidad de disolución.

Por otro lado, los problemas económicos pueden aumentar el aislamiento, el estrés emocional, la depresión y la baja estima de sí mismo, que, a su vez, pueden generar o afectar las tensiones matrimoniales (Wolcott, 1999). Agencias de asesoramiento matrimonial y apoyo familiar han sugerido que las tensiones financieras tienen un impacto negativo y las relaciones y la vida de familia (Wolcott, 1999). La manera en la que las finanzas son manejadas en el matrimonio puede representar problemas de fondo de poder y autoridad en una relación que puede contribuir a una insatisfacción en general (Wolcott, 1999).

En un estudio sobre dinámicas familiares en México, se encontró que un 14% de las mujeres que eran jefas de hogar, quienes eran la principal fuente de ingresos económicos de sus hogares, afectaba sus relaciones conyugales que concluyen en divorcio o en separación (García, 2006). La redefinición de los papeles en las familias mexicanas ha generado frecuentemente conflictos puesto que, puede observarse que por un lado, la esposa cambia sus expectativas y espera por parte del esposo un cambio en el mismo sentido, pero, por otro lado, el esposo puede resistirse al cambio. Algunos estudios en México (Esteinou 1996) y otros de mayor envergadura en otros países (Barbagli 1990; Cherlin 1992) han señalado que los conflictos nacen sobre todo cuando los esposos continúan comportándose como si no hubiera cambiado nada y siguen manteniendo como expectativa la división tradicional de papeles y de poder. Lo anterior supone la presencia entre la pareja de dos códigos culturales que entran en conflicto (Esteinou, 1996). En consecuencia, dicho proceso implica ajustes, tensiones, conflictos, e incluso puede conducir a la disolución de la pareja. En este sentido es interesante observar lo que ha sucedido en otros países en donde este tipo de familia es mucho más frecuente. Algunos autores (Barbagli 1990) han observado que el hecho de tener un buen trabajo por parte de las mujeres se ha vuelto tan importante que ya no tiene el peso vinculante que antes tenía en el matrimonio y la familia; la posición e identidad social de una persona dependen menos que antes del matrimonio y de la familia y más que antes del trabajo; esto es consecuencia del aumento de la centralidad del trabajo y de la disminución de la interdependencia económica de los miembros de la familia y ha contribuido de esta manera, a que sus relaciones sean más intensas y al mismo tiempo más frágiles. Las bases del matrimonio o de la unión han cambiado, por lo tanto puesto que cada vez los individuos evalúan su matrimonio o su vida de pareja sobre la base de las satisfacciones individuales, afectivas y emocionales que les brinda, y aspectos como la interdependencia económica, el peso del grupo familiar, del medio social o de la religión se vuelven menos constrictivos para mantener dicho vínculo (Esteinou, 1996).

Tradicionalmente los sentimientos de incompatibilidad, el cambio de intereses, la injusta división de las labores o el no sentirse románticamente apegado son algunas razones para dejar que un matrimonio sea considerado más a ser una competencia de aquellos en un status socioeconómico más alto que sus parejas, mientras que las parejas con un status socio económico más bajo requieren de razones instrumentales más terribles como la violencia física, el abuso del alcohol y la falta de apoyo económico para la ruptura matrimonial (Wolcott, 1999).

Existen otro tipo de factores que influyen en la disolución conyugal sobre los que nos documenta la investigación antropológica en torno a los géneros y los estudios históricos de las familias mexicanas. Estos dan cuenta de la importancia de aspectos culturales, institucionales y de genero que influyen en las disoluciones conyugales y las difíciles condiciones sociales a las que se enfrentan las parejas (Ojeda, 2008).

Estudios sobre las razones de ruptura matrimonial desde la perspectiva de los hombres y mujeres divorciadas han proporcionado ideas socioculturales, psicológicos e históricos en el divorcio (Khojastehmehr, 2009). Por ejemplo, un estudio de William Goode, en 1948, en donde las quejas mencionadas más frecuentemente reportadas por las mujeres fueron la falta de apoyo, el consumo excesivo de alcohol y la negligencia. Veinticinco años después de este estudio, Kitson y Marvin, en 1982, encontraron que las mujeres reportaron la falta de habilidades de comunicación de su ex marido, el conflicto interno de rol de género, el sexo fuera del matrimonio, la desconfianza, inmadurez, y problemas con la bebida como sus razones para el divorcio (Khojastehmehr, 2009) Nelly (1982) encontró que las mujeres que quejaban frecuentemente de sentirse no amadas y de tener su competitividad e inteligencia menospreciada constantemente por sus maridos (Khojastehmehr, 2009). Asimismo, algunos investigadores han informado que los hombres se adaptan mejor al divorcio que las mujeres, sufren menos que éstas las consecuencias económicas del divorcio y, como consecuencia, no se ven obligados a cambiar de residencia (Yárnoz, 2008)

Por otro lado, en México, uno de los aspectos básicos a la disolución voluntaria de las uniones por separación o divorcio es la edad de la mujer al inicio de la unión conyugal.

Estudios demuestran que mujeres que se unieron antes de los 21 años tienen mayor probabilidad de disolver su unión voluntariamente en comparación con las que se unieron en edades posteriores (Ojeda, 2008). Años más tarde se reportó en otro estudio, las entrevistadas en la Ensare 2003 confirman no solo la tendencia, sino que presentan un corte de edad que sistemáticamente disminuya a aumente la probabilidad de disolución (Ojeda y González, 2008). Así, la mayor edad a la unión, menor probabilidad de disolución voluntaria. Por otro lado, el tamaño de la localidad de residencia también marca diferencias, ya que los residentes en localidades urbanas tienen mayor probabilidad de que sus uniones terminen en separación o divorcio (Ojeda y González, 2008).

 

MÉTODO

Se utilizó una muestra constituida por 41 participantes, de los cuales 24 corresponden a mujeres y 17 a hombres. Todos son residentes de la ciudad de México, en un rango de edad entre 25 y 65 años, También se consideraron los años que la persona tenía divorciada, esto con el fin de explorar su percepción de sus motivos de divorcio a la fecha. La regla de inclusión fue que en el momento de responder el cuestionario, los entrevistados se encontraran legalmente divorciados. 

La versión final consiste en una escala auto-administrada que consta de 30 ítems. Se trata de una escala tipo Likert, que tiene las opciones de respuesta que van desde 1 totalmente de acuerdo hasta 5, totalmente en desacuerdo. Consta de cuatro dimensiones: 1) Falta de comunicación, 2) Infidelidad, 3) Problemas económicos, y 4) Violencia.

La primera es la falta de comunicación, que se define como la imposibilidad de expresar o decir mutuamente lo que sienten o lo que piensan, y para identificarla se designaron 12 ítems. La segunda dimensión es la infidelidad es la relación fuera del lazo conyugal que uno de los miembros establece con otra persona, y con quien obtiene no solamente una relación sexual, sino también una relación de tipo amorosa. Esta puede ser a corto o a largo plazo, y para identificarla se asignaron 2 ítems. Como tercera dimensión, tenemos los problemas económicos, considerado como la falta o carencia de recursos económicos dentro del matrimonio y como resultado se presentan serios problemas financieros que afectan la relación de pareja, así como se también se pueden presentar conflictos en relación al gasto y administración del dinero. A esta dimensión se le designaron 7 ítems. Y finalmente, la última dimensión es la violencia, que es el acto de abusar de la fuerza o autoridad para dañar, perturbar o agredir, ya sea física o verbalmente a la pareja. Se asignaron 9 ítems.

Instrumento

A los participantes se les entregó personalmente el cuestionario. Se les pidió que contestaran la misma con honestidad. También se les informó que los datos aportados se tratarían confidencialmente y que utilizarían de manera exclusiva con fines de investigación, y que no sería necesario escribir su nombre, ni ninguna señal que permitiera su identificación. Una vez terminada la aplicación del instrumento, se despedía al participante agradeciéndole su colaboración.

RESULTADOS

El análisis del presente trabajo tiene dos vertientes, la primera es la consistencia interna del instrumento y segunda las comparaciones de los factores de divorcio por género y por el periodo de estatus de divorciado en cohortes (1-10 y 11-27).

Con el fin de conocer la consistencia interna del instrumento, se utilizó el Alpha de Cronbach para estudiar las intercorrelaciones ítem – escala, así como su confiabilidad total. Esta permitió identificar que de los 30 reactivos que conformaron la escala original, 8 no demostraron una correlación significativa con ninguna escala, por lo cual se retiraron, y de esta forma, el total de reactivos fue de 22. Sin embargo, posteriormente los 8 reactivos que se retiraron se analizaron de forma individual.

 

DISCUSIÓN

El objetivo general de este trabajo fue estudiar y comprender el papel de cuatro factores que llevan al divorcio en la pareja. Para ello, se realizaron cuatro tareas. La primera fue diseñar un instrumento que midiera los cuatro factores a explorar, en el cual surgieron cinco nuevos factores, que son confianza, confirmación de expectativas de la vida cotidiana, abuso de alcohol y drogas, estatus socio – económico y estabilidad económica, y por otro lado, el factor infidelidad fue divido en dos perspectivas, la primera en le fueron infiel y el segundo en fue infiel. La segunda que se persiguió fue realizar un análisis de consistencia interna del instrumento, en donde al utilizarse el Alpha de Cronbach para estudiar las intercorrelaciones ítem – escala, se pudo identificar que de los 30 reactivos que conformaron la escala original, 8 no demostraron una correlación significativa con ninguna escala y por esta razón, se retiraron. Ahora el total de reactivos fue es de 22 ítems. Posteriormente los 8 reactivos que se retiraron se analizaron de forma individual.

El tercero fue hacer una comparación por sexo del peso que los participantes otorgan a cada factor. Finalmente, como cuarto objetivo fue obtener la percepción de la importancia que tiene el periodo de tiempo de divorciado comparándolo en dos cohortes. La primera de 1 a 10 años y la segunda de 11 a 27 años, y se encontró que los participantes demostraron que no hay diferencia entre más o menos tiempo de divorciado, ya que los factores afectan de igual forma. Se diseñó un instrumento para medir los cuatro factores a estudiar, la falta de comunicación, la infidelidad, los problemas económicos y la violencia, sin embargo, la muestra, al someterla al Alpha de Crobanch nos indicó que existen otros factores que los individuos consideran de peso para divorciarse, que son la confianza y la diferencia de estatus socio – económico, la confirmación de expectativas de la vida cotidiana, que se refiere básicamente a identificar si la pareja le hacía saber cuando algo no era de su agrado a algo le molestaba y el abuso de alcohol y otras drogas.

Un hallazgo de este estudio es que los participantes no consideraron un problema de comunicación cuando su pareja no le hace saber que algo le molesta o no está de acuerdo, simplemente lo catalogaron como algo diferente que se identifica como la confirmación de expectativas de la vida cotidiana en la pareja. Otro hallazgo a considerar es que la muestra nos arroja que el abuso de alcohol y drogas no se considera dentro de la dimensión de violencia, a pesar de que el INEGI en su Síntesis Metodológica de la Estadística de Divorcios (2003) indica que la dependencia del alcohol y otras drogas sí está relacionado con la violencia, ya que al hacer uso de estas sustancias el abusador minimiza su responsabilidad personal por estar en estado inconveniente.

Podemos identificar que algunos de los factores que se han venido reportando desde el siglo pasado (INEGI, 2003), estos siguen siendo razones para divorciarse, la diferencia es que en la actualidad existe una mayor apertura de género, ya que las mujeres pueden expresar los factores de su divorcio sin ser juzgadas por la sociedad, así como ahora son ellas las que demandan más el divorcio.

Dentro de los resultados, en realidad no se encontraron diferencias significativas al compararlos por sexo y esto nos hace pensar que las razones por las cuales los individuos se divorcian afectan casi de igual manera a ambos sexos. Podemos considerar que por ejemplo, una infidelidad es dolorosa para ambos, sin embargo, si se encontraron diferencias significativas en la comparación por cohortes, ya que la muestra nos arroja que cuando se tiene más años de divorciados, se concede más importancia a la falta de comunicación, a la violencia y los problemas económicos.
Wolcott (1999) menciona que todos los estudios que hablan de ruptura de relaciones indican que en realidad no es solo uno el factor por lo cual las parejas se divorcian, sino que son muchos los factores que podrían haber dado lugar al divorcio. También Thompson (1960) nos dice que en algunos matrimonios son varias las circunstancias que hacen que la relación se deteriore, sin embargo, hay otras que hacen que estos problemas fortalezcan sus lazos. Y en este estudio podemos ver que así como se identificaron cuatro factores, surgieron dos más, que son la confianza y la diferencia de estatus socio – económico.

Es por esta razón que podemos considerar que si en un estudio relativamente corto por la escasa población a la cual se aplicó, así como por haber sido un instrumento de solo 30 ítems, surgieron dos factores más que ya se mencionaron, es posible pensar que las causas por las cuales la parejas se divorcian son indeterminadas.

El fenómeno del divorcio, evidentemente puede tener implicaciones psicológicas en las personas que lo padecen, y estos cuatro factores que hemos analizado son simplemente una pequeña muestra de lo que puede desencadenar el divorcio, ya que como lo hemos comentado, las razones para divorciarse son infinitas, y en cada pareja son diferentes.

El impacto psicológico no solo es por el hecho de divorciarse, sino también por el haber pasado por situaciones tan complejas y dolorosas durante la vida de matrimonio, habiéndose destruido el amor, la ilusión, el compromiso con la persona con quien en un inicio se creó un lazo que se pensaba irrompible. Es así como si partimos de lo explicado por Sánchez Sosa (1997) el malestar y sufrimiento son inherentes al deterioro en las relaciones de pareja, el conflicto y la separación conyugal suelen constituir componentes de problemas más amplios y complejos tales como problemas sociales y de salud pública, en la medida en que interactúan con o potencian a otros problemas del comportamiento, presentando efectos dañinos sobre el individuo, su familia y la sociedad.

Dentro de las propuestas para mejorar este estudio, está la opción de complementarlo con una investigación cualitativa, ya que el instrumento solo se refería a cuatro factores en específico, y esto solo permite identificar a los factores como parte de un todo. En una investigación cualitativa, se podría identificar cual factor es el predominante en cada pareja y así explorar a fondo las razones de su divorcio, lo cual no se puede identificar a profundidad por medio de la investigación cuantitativa, ya que el único contacto que se tiene con los participantes es por medio de los cuestionarios.

Una limitante importante es que la muestra fue aplicada solo a 41 participantes, y esto nos permite tener una visión corta. Para mejorar el estudio, la muestra debería ser aplicada a una población mucho más grande, así como aplicarlo a un mismo número de mujeres que hombres, ya que esta fue aplicada a 23 mujeres y a 17 hombres.

Por otro lado, en el instrumento no se preguntó el tiempo de casado y es por esa razón no se pudo hacer una investigación un poco más extensa para identificar si los factores que se describieron en este estudio eran causantes de divorcio en relación a la duración del matrimonio, ya que probablemente en un corto o largo periodo de casado, estos factores afectan de forma diferente.

Evidentemente, el divorcio en algunas ocasiones, es inevitable, pero como lo sugiere Rincón (1994), menciona algunas características que pueden hacer que la pareja sea más propensa al divorcio, como lo es contraer matrimonio antes de los 21 años de edad, debido a que los cónyuges probablemente no están preparados para llevar una vida de matrimonio, otra característica es tener una religión diferente a la del cónyuge, contar con la desaprobación de los padres y amigos de la pareja, así como contraer matrimonio por causa de un embarazo. Todas estas circunstancias pueden servir como una alarma en que algo podría salir mal en la vida de casados.
También Napler (1994) establece que hay ciertos patrones que llevan al divorcio, en donde uno de los cónyuges busca cercanía y reafirmación, incrementando su dependencia y apego, mientras que el otro, busca separación e independencia ya que este tipo de parejas no se casan de manera accidental, sino por una necesidad de definir sus necesidades separadas en relación al otro. La ruptura de parejas en muchas ocasiones se debe a que el hombre, desde pequeño es educado como un elemento activo que abandona el hogar, y esto puede estar ligado en el futuro de la pareja con la violencia y la infidelidad, mientras que la mujer raramente se aleja del compañero y los hijos (Garza, 2006).

Para los terapeutas quienes trabajan con parejas divorciadas, esta investigación puede ayudar a identificar cuáles son los principales factores de la separaciones, y porque se dan, sin embargo, todo dependerá de cada historia de vida, ya que cada individuo es diferente y su divorcio es diferente también.

En conclusión, como lo menciona Ojeda (2008), el divorcio como hecho social afecta directamente a las familias mexicanas, y en este estudio hemos descrito solo 4 de los factores de divorcio que de acuerdo a un interés personal, así como a lo observado, son los causantes de un conflicto en la pareja que no fue posible resolver, y que probablemente por falta de empeño en la pareja por solucionar estos problemas, por egoísmo o por desamor se tiene como resultado un divorcio.

REFERENCIAS:

1. Esteinou, R. (1996) Fragilidad y Recomposición de las Relaciones Familiares, CIESAS, México.

2. Flores M., Díaz-Loving, R. & Rivera S. Chi A. (2005) Poder y Negociación del conflicto en diferentes tipos de matrimonio.

a. Enseñanza e Investigación en Psicología. 10, 337 – 353.

3. García, B., De Oliveira O. (2007) Una Obra sobre las Dinámicas familiares en México Economía, Sociedad y Territorio, 5(23) 833¬

4. 848.

5. García D., García M., Ballesteros B., & Novoa M. (2003) Sexualidad y Comunicación de pareja en mujeres con cáncer de cérvix: Una Intervención psicológica. Universitas Psychologica. 2(002) 199-214.

6. Garza E., Caracho D., Manautou A., Garza M. & Khoury E. (2006) Factores psicosociales en el Divorcio durante los primeros cinco años de matrimonio. Mexico

7. Gigy, L. & Nelly, J. (1992) Reasons for Divorce: Perspectiva of Divorcing Men and Women, Journal of Divorce & Remarriage, 18 (1) 169-187.

8. Instituto Nacional de Estadística y Geografía (2000) Informe de País sobre el Estado Actual de los Sistemas de Registro Civil y Estadística Vitales. México

a. Instituto Nacional de Estadística y Geografía (2003) Síntesis Metodológica de las Estadísticas Vitales, México.

9. Instituto Aguascalentense de las Mujeres (2007) Violencia como causa de Divorcio. México

a. Khojastehmehr, R. (2009) Identification of Divorce Factors of Women, Journal of Applied Sciences. 9(20) 3758-3763.

10. Moncó, B. (2010) Código de Interpretación de los Acuerdos Económicos del Divorcio: El Caso de las Familias Reconstituidas. 10(2)

11. Montes-Berges, B. (2009) Patrones de comunicación y satisfacción en la relación de pareja: Validación y Análisis de estas escalas en muestras españolas. Anales de Psicología. 25(2) 288 – 298.

12. Ojeda, N. (2008) Divorcio y separación en México en los albores del siglo

a. XIX. Revista Mexicana de Sociología, 70(1) 111-145.

13. Pérez, J. (2008) Análisis multiestado y multivariado de la formación y disolución de las parejas conyugales en México. Estudios demográficos y Urbanos, 23(3) 481-511.

14. Pérez C., Davins M., Valls C. & Aramburu I. (2008) El Divorcio: Una aproximación psicológica. La Revue du REDIF. (1) 39-46.

15. Quilodrán, J. (2003) La Familia, referentes en Transición. Papeles de Población. 37

16. Ramos, A. (2007) Convenio de divorcio, género y justicia: y la perdedora es… La Ventana. 26(6)

17. Sánchez R. & Díaz-Loving R. (2003) Patrones y Estilos de Comunicación de la Pareja: Diseño de un inventario. Anales de Psicología. 19(002) 257-277.

18. Sánchez Sosa, J., Hernández L. & Romero M. L. (1997) Predictores psicosociales del fracaso conyugal: Un estudio exploratorio. 3(2) 126-136.

a. Serie Estadísticas de Genero (2003) El enfoque de género en la producción de las estadísticas sobre la familia, hogares y vivienda en México. Una guía para el uso y una referencia para la producción de información. México

19. Torres, M. (2000) Una mirada a los distintos tipos de familias. Un estudio de caso en la Universidad Simón Bolivar.

20. Torres, M. (2009) ¡Viva la familia! Un panorama de la legislación vigente en México. Alteridades, 19(38) 41-54.

21. Torres, T. (2009) El Compromiso y la Estabilidad en la Pareja: Definición y Dimensiones dentro de la Población Mexicana. Psicología Iberoamericana. 17(1) 38-47.

22. Wolcott, I. & Hughes J. (1999) Towards understanding the reasons for divorce. Working Paper. 20, 1-29.

23. Yárnoz S., Guerra, J., Comino P., Plazaola, M., & Biurrum, J. (2008) Características demográficas, actitudes y dependencias en la adaptación al divorcio. Ansiedad y Estrés. 14(1) 43-53.

 

Autor por correspondencia: andrealimonfonseca@yahoo.com.mx

Publicado 30/06/2012 por estudilloestrada en Familiar

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Los dibujos animados politizados   Leave a comment

A estas alturas del Verano, el público que leera este post es consciente de la resurección de Los Pitufos ahora en película 3D.  Puede que incluso  sepan que Sony escogió el pueblo Malagüeño de Júzcar  – cuyas fachadas cambiaron la blanca cal por el azul apitufado –  para la presentación mundial de la cinta.

Aunque tal vez se perdiesen a la Pitufina más  IN en ls revista Harper´s Bazaar, que recurrió a ella para una de sus secciones de moda, tocándola con prohibitivos accesorios de Lanvin, Dolce / Gabbana ó Louis  Vuitton …  Al estreno de la película se anticipó por muy poco   Le petit livre bleu (El pequeño libro azul) un ensayo de Antoine Buéno, investigador de Ciencias Políticas en la Sorbona de París.  Y en Francia se desató el escándalo.   El texto intenta demostrar que la sociedad de los pitufos es  ” un arquetipo de utopía totalitaria impregnado de estalinismo y de nazismo”   Papá Pitufo sería el líder omnipotente de un colectivo autárioco y puritano.  Un colectivo marcado, además, por el racismo  ( en su opinión, evidente en el álbum  Los Pitufos Negros) y el prejuicio contra los judíos  ( el villano Gargamel se asemejaría a una caricatura antisemita ).

LOS PITUFOS aparecieron en 1958 de la mano del dibujante belga Pierre Culliford más conocido como  Peyo.  Las historietas, publicadas inicialmente en la revista juvenil en la revista juvenil franco-belga  Le journal de Spirou, se convirtieron en un éxito inmediato, que dio pie a la creación de álbumes independientes y a una serie televisiva de animación en los ochenta.

Hordas de aficionados, iracundos ante la satanización de sus nostalgias, pusieron a Buéno  de vuelta y media en tuits y blogs.  El académico francés se ha sorprendido de las reacciones, declarando que ni un libro se toma a sí mismo tan en serio. 

Preguntando al respecto por algunos medios, el hijo de Peyo, Thierry, indica que su padre nunca estuvo interesado en política.  El caso es claramente distinto al de Tintín, el personaje del también belga Hergé, que reconoció haber plasmado en algunas de sus historias los prejuicios raciales y colonistas reinantes en la Europa de su época.

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Mi Mascota Neil   Leave a comment

En los años 70 la prestigiosa revista Life hizo  este espectacular reportaje del día a día en  la casa de la actriz y modelo Nathalie “Tippi”  Hedren (madre de la también actriz Melanie Griffith) en la que mostraban como era la vida  con su poco habitual mascota, Neil el león.

Fuente:  Revista LIFE 70’s

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Publicado 16/05/2012 por estudilloestrada en Familiar, Owen

El mejor trabajo del mundo.   Leave a comment

Muchas felicidades a todas ellas

Ser madre es el trabajo más duro del mundo.  Pero también es el mejor.

Esta todo lo que Procter & Gamble honra comercial que todas las mamás hacer para ayudar a sus hijos a tener éxito Demostramos a las madres increíbles detrás de los atletas olímpicos en los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

El trabajo más difícil del mundo es realmente el mejor trabajo del mundo.

Ver Video
http://youtu.be/NScs_qX2Okk

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Publicado 10/05/2012 por estudilloestrada en Conmemorativo, Familiar

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El origen del Mercado en México   Leave a comment

Mercado de Flores en Jamaica

 

Numerosos vestigios arqueológicos han demostrado que los olmecas no estuvieron confinados a los litorales del Golfo de México, como antes se creía, sino que llegaron a lugares mucho más distantes en el centro del actual territorio nacional. Estos contactos constituyen los primeros intercambios comerciales de la época prehispánica. Más tarde, dos culturas establecidas –los teotihuacanos y los mayas– llevan a la práctica relaciones formales de comercio.
Con el creciente poderío militar y político de los aztecas se inicia y desarrolla lo que se podría llamar el comercio exterior mexica. Los mercaderes traían a su capital desde remotas tierras valiosos productos como el jade, el algodón, el cacao y los metales preciosos. El oficio de los comerciantes iba a lograr un insospechado desarrollo.

La plaza principal de México, que casi corresponde a la actual, se trazó en la época de Moctezuma Ilhuicamina y en ella se estableció el mercado de la ciudad. Conforme fue creciendo la urbe, ese mercado resultó insuficiente, pues su único acceso acuático para introducir mercancías a la isla era un canal, pues la plaza no era ribereña. Cuando los aztecas dominaron Tlatelolco, construyeron allí el mercado principal, ya que contaba con facilidades de comunicación a través de La Lagunilla, especie de caleta o pequeña bahía en la cual cabían varios miles de canoas.

También había mercados especializados en ciertos productos, como el de sal en el barrio de Atenantitlan, el de perros para comer en Acolman y los de esclavos en Azcapotzalco y en Iztocan.

Hoy en día, en pleno siglo XXI, casi todos los mercados tienen un altar con una imagen de la Virgen o de Cristo; esa religiosidad tiene viejas raíces que rebasan la tradición católica, pues también los prehispánicos ponían aras allí para honrar a sus dioses.

Al llegar los españoles quedaron fascinados ante la visión que ofrecían los mercados nativos, que eran al aire libre, o sea tianguis. En el siglo XVI hubo pocos cambios en los mercados. Los comerciantes indígenas traían y llevaban mercancías dentro del extenso territorio de lo que fue el imperio azteca. Continuaron vendiéndose productos autóctonos, a los que se adicionaron algunos provenientes de España, sobre todo manufacturas. Las semillas de cacao siguieron fungiendo como moneda, a la par que las metálicas que se empezaron a acuñar; el cacao conservó su valor monetario hasta principios del siglo XIX.

A partir de 1580, con el pósito y la alhóndiga, la intervención del gobierno en la comercialización de granos básicos es abierta. Por su parte, el clero empezó a cobrar importancia como productor de alimentos y en los dos siglos siguientes llegó a ser muy poderoso. La preponderancia comercial de los españoles civiles y religiosos no eliminó a los indígenas.

En 1703 se inaugura El Parián, mercado ubicado dentro del Zócalo capitalino. 1778 marca el inicio de la apertura comercial española: se termina con el sistema de flotas exclusivo entre Cádiz y Veracruz, abriéndose el comercio para otras doce ciudades hispanas. No obstante, el uso de otros puertos mexicanos además de Veracruz se dio hasta 1820.

Al finalizar el periodo virreinal, la actividad comercial capitalina tenía como centro la Plaza Mayor y contaba con El Parián, los portales de Mercaderes, las Flores y la Diputación, además del mercado de El Volador, donde hoy está la Suprema Corte de Justicia.
En el siglo XIX continuaba la cacería de aves acuáticas en los lagos del valle, calculándose que los capitalinos consumían cerca de un millón de patos anuales. El mercado de Tlatelolco ya había cedido su preeminencia al de San Juan.

Frutas y Legumbres en Mercado Jamaica

Mercado Jamaica, Ciudad de México

Durante el siglo XIX hubo un creciente deterioro en materia de abasto de alimentos, derivado de las convulsiones políticas. El porfiriato, aunque fue una era dictatorial, trajo consigo mejores condiciones para el comercio. Es cuando empiezan a surgir los tendajones o estanquillos.

En 1850 se inaugura el nuevo mercado de San Juan o Iturbide. En 1863 se edificó el mercado de La Merced, junto a la acequia mayor. El puente de Roldán era el muelle del canal de la Viga donde desembarcaban las mercancías provenientes de Xochimilco, Chalco y Texcoco. En 1893 abre el mercado de la Lagunilla.

Aunque la desecación de los lagos del valle de México estaba muy avanzada a mediados del siglo XIX, todavía se les aprovechaba para la transportación acuática de mercancías hacia la ciudad.

La Revolución Mexicana trajo consigo gravísimos problemas, uno de los cuales fue la brusca disminución en la producción agropecuaria, tanto por la falta de mano de obra, como por el abandono de las haciendas por parte de sus propietarios. También afectó al comercio, pues la dificultad en las comunicaciones impedía el flujo normal de las mercancías.

Durante la primera mitad del siglo XX no se construyeron más mercados sino que empezaron a proliferar en las nuevas colonias y fraccionamientos los estanquillos o misceláneas y las verdulerías. En los años cincuenta el gobierno empezó a sustituir numerosos mercados, que eran barracas de madera y lámina, por edificaciones modernas. López Mateos construyó 88 mercados en la ciudad de México.

El mercado de La Merced empezó su gran auge como centro introductor y distribuidor mayorista desde la época colonial, pues allí estaban los embarcaderos a donde llegaban las mercancías por la vía fluvial, pero su excesivo crecimiento en el siglo XX provocó grandes problemas de salubridad, seguridad y congestionamiento de vehículos. A esto se debió que en 1982 el mercado mayorista se trasladara a la nueva Central de Abastos de Iztapalapa.

La situación actual del comercio al menudeo en las ciudades mexicanas ofrece un contraste muy marcado: por un lado está el pequeño comercio –ineficientes misceláneas y expendios de abarrotes que venden a precios muy elevados- y por el otro están las modernas cadenas de autoservicio surgidas en la segunda mitad del siglo XX.

Los mercados sobre ruedas se iniciaron en 1969 como una solución para combatir el intermediarismo. No se puede decir que este intento haya sido del todo afortunado, pues con frecuencia no son productores agrícolas quienes expenden allí sus mercancías.
En todo caso -y para nuestra fortuna- aun subsisten los tradicionales mercados mexicanos. Los tianguis de provincia no difieren mucho hoy en día de los que había en la época prehispánica.

Siguen siendo notables algunos mercados capitalinos: para frutas y verduras, carnes y mariscos, el de San Juan, uno de los más finos y bien surtidos del mundo; el mercado que continúa en La Merced para menudeo; el de Xochimilco y el de Jamaica son famosos por la cantidad y variedad de sus productos; el de la nueva Viga que se especializa en pescados y mariscos, el Sonora, donde se consiguen animales vivos y toda clase de hierbas medicinales; el de La Lagunilla con gran surtido de muebles, y el de Tepito, de antigüedades.

Mercado Jamaica de la Ciudad de México

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Publicado 05/04/2012 por estudilloestrada en Familiar, General

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Ya estuvo de ir al Centro Comercial , no. !!!!   Leave a comment

Foto desde la Ciudad de México DF

  • EL ARTE DE LA GASTRONOMIA

Métanse a la cocina.  Puede ser una tarea en equipo donde el gran premio será un festín diseñado a su gusto. Pueden ir a un mercado desconocido y después preparar el banquete. Estimulará su imaginación y es mejor que la fast food.

  • OTRAS FORMAS DE ENTRETENIMIENTO

Cada fin de semana, tú y tú familia se preguntan:  ¿Qué haremos esta tarde.? Repasan mil opciones y no llegan a nada.  Sin saber bien a qué se debe, acaban eligiendo el centro comercial. Visitarlos guarda cierta lógica. Estos lugares fueron creados para concentrar a toda la gente posible y ofrecerle todo lo que se le ocurriera. Hay tiendas para niños, grandes y viejos, cines, comida y hasta ópticas.   ¡¡ Ah pero te gastas la lana en cosas que no necesitas.!!  y siempre tienen las mismas películas en las salas.

Es hora de salir de la caja y disfrutar las infinidades de actividades que yacen por disfrutar allá afuera.

  • LA CIUDAD

La única forma de conocer una ciudad es caminándola. Muchas de nuestras delegaciones son museos vivos y centros de comercio. Sólo así descubrirán restaurates, cafés y tiendas de todo tipo, viejas o nuevas, con un gran tradición ó un proyecto innovador.

Palacio de Bellas Artes - Ciudad de Mex

  • PARQUES Y ZOOLOGICOS

Los parques no lucen tan alegres porque desde hace añales no tienen gente que los disfrute. Un paseo por el zoológico, un juego de fut o estirarte en los pasamanos ayuda a liberar el estrés acumulado en la semana.

  • LOS INFALTABLES MUSEOS

La ciudad de México es una de las ciudades con más museos en el mundo. No tienes que pasar cada fin enclaustrado en uno, pero una vez al mes no está mal. Lo mejor es que gozan de diversidad cultural, científica e histórica. Eso no lo
aprenderás en un centro comercial.

  • A PUEBLEAR

Preparen unos sandwiches para el camino y salgan a explorar los pueblitos alrededor. Conocerán los precios reales de las artesanías que venden los centros comerciales, la comida que se prepara y la forma en que viven otras personas.

  • FERIAS DEL LIBRO

Todos dicen que los libros son caros y que por eso no leemos. Pero muchas veces al año, diferentes organizaciones culturales se ponen guapas con los festivales de lectura.  Si todavía falta mucho, date una vuelta por una librería para ver qué hay de nuevo o de viejo.

Foto en la calle de 5 de Mayo en México DF

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Fuente:                       www.dilomiron.com

Publicado 05/04/2012 por estudilloestrada en Familiar, Web

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